Los robots que participaron en los Juegos Mundiales de Robots Humanoides en Pekín tuvieron que insertar válvulas de admisión y de escape en los orificios correctos de la culata de un motor. La prueba formaba parte de un concurso de ensamblaje industrial y suministro de materiales, y recibió mucha menos atención que los combates de kickboxing y los partidos de fútbol celebrados en el mismo evento a finales de agosto.
Los Juegos Mundiales de Robots Humanoides se celebraron junto con la Conferencia Mundial de Robots en la capital china. Juntos, ambos eventos concentraron buena parte de la atención de la industria robótica a finales de mes.
Espectáculo en el campo, trabajo en las pruebas paralelas
La conferencia fue sobre todo un escaparate de productos chinos. Unas 300 empresas exhibieron más de 2.000 productos, entre ellos robots para clasificación de paquetes, manufactura, cirugía y tareas domésticas.
Los juegos fueron más variados de lo que sugirió la mayor parte de la cobertura. Los robots practicaron kickboxing, jugaron al tenis de mesa, realizaron rutinas de gimnasia y jugaron al fútbol. Un humanoide corrió a una velocidad comparada con la de Usain Bolt y luego se estrelló contra una pared. Esos momentos se difundieron ampliamente.
A su lado había pruebas centradas en la manufactura industrial, la logística, los servicios domésticos y la respuesta a emergencias. En la prueba de ensamblaje y suministro de materiales, los robots colocaron contenedores en estanterías, identificaron y clasificaron componentes en distintos embalajes, y además manipularon las válvulas del motor. Otras pruebas abarcaron el embalaje y la recepción de mercancías en almacén.
Ocho desafíos de destreza manual incluyeron atornillar, desembalar cajas, conectar cables y recoger frijoles con pinzas. Algunas competiciones exigían robots autónomos, mientras que otras evaluaban la teleoperación. Estas pruebas midieron la precisión, la percepción y la capacidad de adaptación que los humanoides necesitan antes de poder realizar trabajo útil en fábricas y almacenes.
El debut de Unitree y el problema de las expectativas
Unitree aportó buena parte del espectáculo en la conferencia con un humanoide veloz al que llama Superman y con su estreno en bolsa. Sus acciones cerraron un 460 % por encima del precio de la OPV el primer día. Para el 28 de agosto habían caído casi un 30 %. El director ejecutivo, Wang Xingxing, predijo que la robótica se acerca a su «momento ChatGPT».
Las expectativas también son el tema de una investigación reciente sobre interacción humano-robot. Un estudio liderado por Drexel con 50 hombres adultos midió la actividad cerebral, las hormonas, las actitudes declaradas y el comportamiento para evaluar la confianza en los humanoides. Los participantes establecieron vínculos iniciales más fuertes con un robot Pepper expresivo que con una versión estática que no emitía señales no verbales.
Cuando el robot expresivo cometió errores, el cerebro de los participantes reaccionó como lo haría ante una persona que rompe una norma social, no ante una máquina con una falla técnica. Los niveles de oxitocina aumentaron cuando el robot cautivador se equivocaba. Los investigadores concluyeron que, en la interacción humano-robot, esta hormona podría actuar como señal de alerta y no como muestra de conexión. El trabajo se publicó en Science Robotics.

Cadenas de suministro y pedidos
Dos informes distintos publicados en agosto apuntaron a la misma tensión en la industria robótica de Estados Unidos. Uno afirmaba que fundadores, inversores y startups estadounidenses viajan a un mercado de electrónica de Shenzhen para comprar servomotores, sensores, controladores y estabilizadores cardán. También sostenía que los robots de Unitree y Zhiyuan se compran completos, se desmontan en piezas y se llevan a Estados Unidos en maletas.
Más tarde en el mes, se informó de que un laboratorio del Departamento de Energía de EE. UU. investiga si los sensores LiDAR chinos suponen un riesgo de seguridad si se usan de forma generalizada en vehículos en Estados Unidos. Según se informa, la investigación está financiada por una o más empresas de la industria de vehículos eléctricos y autónomos.
Los datos de pedidos de la Association for Advancing Automation muestran que la demanda se mantiene. Las empresas norteamericanas pidieron 8.940 robots por un valor de 622 millones de dólares en el segundo trimestre de 2026. Eso supone un aumento del 4,3 % en unidades y del 21,3 % en ingresos. El sector automotriz sigue siendo el segmento más grande, pero su participación continúa cayendo a medida que los robots se extienden a otras industrias.
Investigación en las fronteras
Ingenieros de Princeton presentaron un robot sin motor, inspirado en el origami, capaz de rodar, reptar y cambiar de forma mediante control magnético y geometría multiestable. El líder del proyecto, Glaucio Paulino, afirmó que la geometría es el verdadero actuador, ya que los principios matemáticos codifican varias configuraciones estables directamente en la estructura.
Investigadores del Instituto de Tecnología de Karlsruhe, en Alemania, desarrollaron un sistema de reciclaje automatizado. Combina datos CAD, observaciones físicas y un algoritmo predictivo para anticipar defectos en los productos. Después adapta su estrategia de desmontaje y protege los componentes de valor.
Lo que los eventos de Pekín muestran y lo que no
La señal más fuerte que llega desde Pekín es la estructura de la competición, no los ganadores. Al incluir tareas de ensamblaje, recepción en almacén, conexión de cables y manipulación con pinzas, los organizadores plantearon pruebas que se parecen al trabajo real de fábricas y logística. Un sprint o un combate de kickboxing muestran el rendimiento del hardware. Una válvula insertada en una culata muestra si la percepción y la manipulación funcionan de forma conjunta.
El material de origen no informa de puntuaciones, tasas de éxito ni tiempos de ciclo de esas pruebas. Eso deja abierta la cuestión central: qué tan cerca está cualquier humanoide de realizar trabajo industrial fiable. Algunas competiciones permitieron la teleoperación, de modo que un resultado en ellas dice poco sobre la autonomía. Tampoco hay comparación con la automatización existente. Los brazos industriales ya realizan tareas fijas a gran escala, y las cifras de pedidos de A3 muestran que ese mercado crece en ingresos.
El resultado de Drexel guarda relación con esta brecha. Si las personas interpretan los errores de un humanoide expresivo como fallos sociales, un robot que parece capaz pero se equivoca costará más confianza que una máquina sencilla que se equivoca. Este hallazgo procede de un único estudio con 50 hombres y un solo modelo de robot, por lo que no debe generalizarse. Aun así, es una razón para que quienes despliegan robots fijen expectativas antes de iniciar un piloto.
La cotización de Unitree muestra el mismo patrón en el terreno financiero. Una subida del 460 % el primer día seguida de una caída de casi el 30 % en pocas semanas refleja el sentimiento hacia la categoría más que cualquier cambio medido en lo que los robots pueden hacer.
Los informes sobre la cadena de suministro añaden un riesgo estructural. Si los fabricantes estadounidenses dependen de servomotores, sensores y controladores chinos, y un laboratorio nacional estudia el LiDAR chino como cuestión de seguridad, el acceso a componentes podría convertirse en un asunto de política pública. Ambos informes tienen salvedades: uno es una afirmación sobre compras informales y el otro describe una investigación aún en curso. Ninguno establece una restricción.
El sector de los humanoides ya cuenta con un escenario público y un mercado bursátil, pero sigue sin resultados publicados y comparables sobre trabajo útil. Esas cifras resolverían la cuestión.
