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Prueban en el Reino Unido robots de compañía para personas mayores

Ya hay pilotos en el Reino Unido con compañeros de IA y mascotas robóticas para mayores que se sienten solos, pero no se indican resultados y los robots de cuidados físicos siguen fuera de alcance.

Companion robots for older people are being tested in the UK

El Ayuntamiento de West Berkshire (West Berkshire Council) ha realizado una prueba piloto con mascotas robóticas en sus residencias, uno de los varios experimentos británicos que ponen a prueba robots de compañía para personas mayores. Ninguno se parece a la cuidadora androide de la nueva comedia de situación Ann Droid, y ninguno puede hacer lo que hace ese personaje.

La comedia sigue a Sue, una viuda reciente interpretada por Sue Johnston, y a su hijo Michael. Linda, un robot asistencial de cuidados interpretado por Diane Morgan, debe ofrecer apoyo diario y compañía. La serie exagera las capacidades actuales. Parte de la tecnología en la que se inspira ya se utiliza, aunque en formas mucho más sencillas.

Qué se está probando ahora

Una empresa social del suroeste de Inglaterra ha estado probando un servicio llamado Comfort Companions junto con Age UK South Gloucestershire. Ofrece personajes generados por IA que conversan con personas mayores que viven solas y corren riesgo de soledad, y que además les dan orientación.

El piloto funciona en paralelo al programa de voluntariado de Age UK. Voluntarios acompañantes ayudan a los mayores a aprender a usar la aplicación. Los compañeros de IA pretenden complementar la lista de espera de acompañantes humanos, no sustituirlos.

La prueba de West Berkshire utiliza robots físicos, en forma de mascotas robóticas. Los sistemas actuales en este campo suelen ser avatares de IA en pantalla, gatos o perros robóticos, o altavoces que aportan una voz en la habitación. No pueden ayudar a alguien a levantarse tras una caída, ni lavarlo ni vestirlo.

Companion robots for older people are being tested in the UK
Robohub

La monitorización va por delante de la compañía

La capacidad más madura es la monitorización y los avisos. Los sistemas que detectan una caída y alertan a otra persona están muy desarrollados. Otras herramientas pueden animar a alguien a contactar con amistades, hacer una llamada o salir de casa.

Esa diferencia importa al valorar lo que se dice de los robots de compañía para personas mayores. Detectar un suceso y enviar una alerta es un problema más limitado que sostener una de las partes de una relación.

Soledad no es lo mismo que estar solo

La soledad es la sensación personal de que las propias relaciones son insuficientes, junto con el deseo de tener un contacto social mayor o de mejor calidad. Por tanto, es poco probable que un robot la reduzca por el mero hecho de estar en la habitación. Cuenta la calidad de la interacción, así como si la tecnología ayuda a la persona a mantener el vínculo con quienes le importan.

La comedia toca este punto. A veces Linda refuerza las relaciones que Sue ya tiene, animándola a quedar con amistades y a planear actividades fuera de casa. Los investigadores de atención social y de robótica centrada en las personas consideran que este es el modelo más útil: una herramienta que mantiene a las personas conectadas con otras, y no un amigo artificial que sustituya a uno humano.

Límites del hardware y de lo social

Las barreras físicas siguen siendo grandes. La mayoría de los robots humanoides funciona entre 90 minutos y cinco horas por carga cuando son nuevos. Una acampada de una noche, como la que aparece en la serie, es una buena prueba para esa fantasía.

El rendimiento es desigual según la tarea. Una máquina puede jugar muy bien al ajedrez, y sin embargo recoger un objeto doméstico desconocido en una casa real sigue siendo sorprendentemente difícil.

Las barreras sociales son todavía más duras. A los robots les cuestan los matices que las personas damos por sentados. Los sistemas que aprenden imitando el comportamiento humano pueden reproducir una acción sin entender su intención. Tampoco pueden interpretar de forma fiable las expresiones faciales. Una revisión de sistemas diseñados para detectar emociones a partir del rostro concluyó que rendían peor con rostros de personas mayores, y que la ira y las expresiones neutras figuraban entre las que se identificaban con menos fiabilidad.

La confianza es otro problema. La comedia juega con la inquietud del público ante máquinas creadas para cuidar de personas, incluido un episodio en el que dos robots bromean juntos sobre matar a sus compañeros humanos. Las investigaciones sugieren que las personas mayores pueden ver valor en los robots de compañía, pero su aceptación depende en parte de si sienten que tienen el control. El aspecto también importa. En 1970, el roboticista Masahiro Mori propuso el valle inquietante: las personas responden con más simpatía a las máquinas a medida que se parecen más a los humanos, hasta que una apariencia casi humana convierte esa simpatía en incomodidad.

Lo que la evidencia respalda y lo que no

El punto más sólido del panorama actual es la forma en que se plantean los pilotos británicos. Comfort Companions se presenta como un complemento a una lista de espera de acompañantes humanos. Es una afirmación acotada y defendible. No exige que el software iguale a una persona, solo que ofrezca algo allí donde ahora no hay nada.

El punto más débil es la falta de evidencia sobre resultados. Los pilotos descritos aquí son pruebas y no se indican resultados. No está demostrado que un personaje de IA o una mascota robótica reduzcan la soledad, en lugar de limitarse a ocupar el tiempo. Como la soledad se define por cómo vive una persona sus relaciones, la medida adecuada es si las personas terminan más conectadas con otras. El tiempo que pasan con el dispositivo no es esa medida.

El hallazgo sobre el reconocimiento de emociones es un riesgo concreto para este sector. En los cuidados es donde más importa interpretar el estado de ánimo de una persona, y los sistemas revisados rindieron peor con rostros de mayores. Un compañero diseñado para usuarios mayores que interprete mal la ira o las expresiones neutras puede reaccionar mal justo en los momentos en que más se lo necesita. Eso favorece los diseños que avisan y conectan a las personas frente a los que presumen de leer sentimientos.

Comparados con la cuidadora humanoide de la pantalla, los productos prácticos son modestos. La detección de caídas es una tecnología madura, existen avatares en pantalla y mascotas robóticas, y las tareas de cuidado directo, como levantar, lavar y vestir, quedan fuera de su alcance. La duración de la batería y la manipulación de objetos indican que esa brecha no se cerrará pronto. Por ahora, los robots de compañía para personas mayores se valorarán como complementos de la atención humana.

Las ventajas de los robots son reales. No se aburren, no se cansan ni pierden la paciencia, y están disponibles a las 3 de la madrugada. Pero no pueden ofrecer una relación en la que ambas partes eligen estar presentes. El sector también se enfrenta a una pregunta que ningún hardware responde: por qué algunas personas mayores tienen tan poco contacto humano desde el principio. Un dispositivo que trata el síntoma mientras la causa sigue sin abordarse corre el riesgo de ser una respuesta cara al problema equivocado.